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OZUMBA: main retablo, relief of apostles

by Guillermo Arce Valdez

La riqueza artística de la fachada de la iglesia principal de Ozumba, Estado de México, anuncia el extraordinario patrimonio que aloja en su interior, siendo los retablos la mayor muestra del esplendor que alcanzó esta localidad durante la Colonia (1521-1821). En esa época, los pintores como Juan Correa y los Arellano, fuera Antonio o Manuel, dejaron el sello de su calidad artística.
Al paso del tiempo, a decir del historiador Guillermo Arce Valdez, resulta necesario revalorar este tipo de bienes, cuya manufactura -sobre todo en el medio rural- costaba años de trabajo, aspecto que ha sido poco abordado por los historiadores del arte. De ahí que también debe explicarse a quienes acuden a estos espacios religiosos, la importancia de la obra frente a la que se postran.

Robos de arte.
Señaló que los pobladores de Ozumba han padecido la pérdida de parte de su legado; todavía recuerdan el hurto cometido hace aproximadamente 15 años del lienzo de El tránsito de la Virgen, así como de otro con la imagen de San Francisco de Asís y varios dispuestos en las predelas.
A estos robos -los que han disminuido gracias a la "actividad" de los feligreses dentro de la misma iglesia- se suman sin embargo otros factores que repercuten en la manufactura de los retablos, pues por desconocimiento, la comunidad suele dañar estos bienes al utilizar elementos de limpieza inadecuados, como es el caso del aceite de linaza. Arce Valdez (quien participa en el Seminario Permanente de Retablos, organizado por la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH), realiza una investigación sobre Santa María Ozumba: historia y arte, mediante la cual pretende recuperar el devenir de este lugar ubicado al pie del volcán Popocatépetl:

"No he podido ubicar estudios de historia económica y social de Ozumba en el Virreinato, por lo que se desconoce si es una población de origen prehispánico o surgida en el siglo XVI, cuando se construye un convento franciscano. Hoy en día, muy poco de la edificación data de esa fecha, salvo la entrada lateral del atrio y las columnas, casi todo es de finales del siglo XVII y principios del XVIII", expresó.
La actual iglesia de Ozumba -añadió- es uno de los monumentos más interesantes del oriente mexiquense; se empezó a construir en 1696, cuando se "tiró" el templo antiguo y se empezó uno nuevo que terminó de "fabricarse" en 1717, ello con la finalización de la torre realizada por los arquitectos Juan Pérez y Juan Ventura.

"Uno de los retablos de la iglesia posee pinturas del artista mulato Juan Correa, quien murió en 1716, por lo tanto este bien debe ser anterior a esta fecha. Actualmente en el nicho principal se observa una escultura moderna de Santa Teresita del Niño Jesús, que es ajena al conjunto arquitectónico", comentó. "La escultura original, de acuerdo con documentos y las escenas de la estructura, debió ser de San Antonio de Padua. Se trata de un retablo -caso poco frecuente en la Colonia- que consta de un solo cuerpo con un gran remate y verticalmente está divido en tres calles", expresó Guillermo Arce, quien también es habitante de Ozumba.
A su vez, en la capilla de la tercera orden se encuentra otro retablo (dedicado en marzo de 1724) más cercano a lo que se hacía en ese entonces en la capital de la Nueva España, de dos cuerpos y dispuesto en tres calles, la central fue destinada para esculturas.En uno de sus nichos había un bulto de San Hugo, y en el centro un estofado de la Inmaculada Concepción. "Su estructura arquitectónica fue realizada por un escultor llamado Domingo; y dos de sus óleos, así como otro par que están en el remate, son autoría de los pintores Arellano, no se sabe si Antonio o Manuel (padre e hijo), pues la firma sólo muestra el apellido", recordó.

Retablo Mayor
"Una de las obras más extraordinarias del conjunto conventual de Ozumba es su retablo mayor, que cubre por completo el muro cristero del templo. Por desgracia, no sabemos cómo fue de manera original su parte central, ya que en el siglo XIX se colocó una nueva de estilo neoclásico", aseveró. El especialista, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, mencionó que este bien posee esculturas, siendo la imagen central la Inmaculada Concepción, cuya reciente restauración estuvo a cargo de la maestra Yolanda Madrid, de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, del INAH.
También se admiran tallas de santos relacionados con la vida de la virgen, varios de la orden de frailes menores (San Antonio de Padua, San Diego de Alcalá Obispo, San Francisco de Asís y San Bernardino de Siena) y fundadores de otras órdenes, entre ellos Santo Domingo de Guzmán y San Agustín de Hipona. Sin contar las esculturas de Santa Cecilia y el Rey David.


Un retablo más, del que sí fue posible localizar información en el archivo parroquial, es estípite y su elaboración tardó más de diez años. Su construcción inició en 1741 y sucedió a otro que exhibía escenas de la Pasión de Cristo. "Para 1746 la labor arquitectónica ya estaba terminada, pero faltaba dorarla, lo cual se hizo entre 1749 y 1753.
"Ha tenido muchos cambios; originalmente estaba dedicado a Jesús Nazareno, la Dolorosa que ahora se ve es del siglo XIX, mientras el Nazareno fue llevado al segundo cuerpo. Otras de las tallas eran siete arcángeles de los que hoy día se tienen dos: San Miguel y otro que aún no se ha podido identificar; a la vez de episodios de la vida de Cristo, como la vigilia en el huerto de Getsemaní", precisó.


El historiador concluyó que es necesario contextualizar la "fabricación" del retablo como un bien cultural, el que también nos habla acerca del devenir y de la serie de circunstancias que rodeaban la creación de estos "colaterales", no obstante la situación económica adversa de varias de las poblaciones del interior de la entonces Nueva España.

 

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